Dave Mustaine Lamenta la "Muerte" del Rock Épico: "No Se Hacen Discos Como Nevermind o Master of Puppets Desde Hace Décadas"
- efectoparallax5
- 15 nov 2025
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En un momento de reflexión profunda sobre su legado, el líder de Megadeth, Dave Mustaine, ha soltado una bomba en una entrevista con Kerrang!: la industria musical ya no produce álbumes icónicos como los de Nirvana o Metallica.
Con el anuncio del último disco de su banda –un homónimo que sale el 23 de enero de 2026 y marca el fin de una era–, Mustaine no se anduvo con rodeos al cuestionar si el metal y el rock están en "buenas manos" para el futuro. Su respuesta: un rotundo "no", basado en la ausencia de obras maestras que definan generaciones.
La charla, publicada esta semana, surgió cuando el periodista le preguntó si Mustaine sentía que dejaba el género en un estado sólido al colgar los guantes tras décadas de thrash metal.
El exguitarrista de Metallica (despedido en 1983 por problemas con el alcohol y choques personales) no dudó: "¿Cuánto tiempo ha pasado desde que escuchaste un álbum como Nevermind [de Nirvana], o Appetite for Destruction [de Guns N' Roses], o Rust in Peace [de Megadeth], o Master of Puppets [de Metallica]? Ya no se hacen discos como esos.
Ahora solo hay una buena canción por álbum, y la gente está tan acostumbrada a saltarse tracks que ni se molestan en escuchar completo. Eso me entristece, porque en muchas de nuestras canciones hay capas que solo se revelan después de varias escuchas".¿A Qué Se Refería Exactamente? La Nostalgia por la Era de los Álbumes "Completos"Mustaine no solo critica la calidad actual; apunta a un cambio cultural y tecnológico que ha "matado" el formato de álbum como arte cohesivo.
En los 80 y 90 –la era dorada para él–, discos como Master of Puppets (1986, con riffs thrash legendarios que Mustaine ayudó a moldear en sus inicios con Metallica) o Nevermind (1991, el boom del grunge que vendió 30 millones de copias) eran eventos: producidos con presupuestos modestos pero ambiciosos, tocados en vivo sin interrupciones y consumidos de principio a fin en vinilo o casete.
Eran declaraciones políticas, técnicas y emocionales, no meros vehículos para singles virales.Hoy, en la era de Spotify y TikTok, Mustaine ve un panorama dominado por "un hit y relleno". Argumenta que los jóvenes prefieren playlists fragmentadas –"están enganchados a Facebook y Tesla, no a ser rockstars"–, lo que desincentiva a las bandas a invertir en producciones épicas. "Ser una estrella de rock ya no es cool como lo era para nosotros", remata, eco de opiniones similares de Gene Simmons (Kiss) o incluso su excompañero David Ellefson, quien en 2024 declaró que "el rock está muerto en América".
Para Mustaine, esto no es solo nostalgia: es una pérdida de profundidad. Él mismo destaca que el nuevo álbum de Megadeth es "el mejor en décadas", un guiño a su sonido primigenio con solos intrincados y letras afiladas, como en Rust in Peace (1990), que considera su "venganza" contra Metallica tras su despido.
El Adiós de Megadeth y un Toque de Reconciliación
Esta reflexión llega en un tour de promoción cargado de simbolismo. El disco final incluye una versión de "Ride the Lightning" –canción coescrita por Mustaine durante su breve paso por Metallica–, un tributo que él describe como "mostrar lo que James Hetfield y yo cambiamos en el mundo como guitarristas".
Aunque el beef con Metallica ha sido legendario (Mustaine ha reclamado créditos en solos de Kill 'Em All), hoy son "amigos", según él. La gira de despedida podría durar 3-5 años, pero Mustaine es pesimista: "El cuerpo desaparece, pero la leyenda permanece".
Mientras, bandas nuevas luchan por replicar ese impacto; él ve en el streaming la culpable de "saltar tracks" sin apreciar la narrativa completa.
Fans en redes como X (ex-Twitter) están divididos: algunos lo llaman "viejo gruñón" y defienden acts modernos como Spiritbox o Sleep Token, mientras otros asienten, recordando cómo Nevermind revolucionó el mainstream o Master of Puppets elevó el thrash a arte.
¿Tiene razón Mustaine? En un mundo de 15 segundos de atención, sus palabras resuenan como un riff olvidado: potente, pero quizás ya obsoleto. Si el rock necesita un último empujón, este disco final podría serlo –o el epitafio de una era donde los álbumes no solo sonaban, sino que definían quiénes éramos.





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