¿Deben las bandas de rock meterse a opinar de política?

Mira, esto se puso bueno estos días. James Hetfield de Metallica subió al escenario en el Sphere de Las Vegas y soltó: “Metallica no está aquí, como otros artistas, para influenciarte con su bullshit. Estamos aquí para olvidarnos de toda la mierda de afuera. Nuestra agenda es amor, energía y heavy music, baby”.
Y claro, Roger Waters (el eterno activista de Pink Floyd) salió a decir que Hetfield es un “prick” con IQ de 3 y que ni siquiera es músico.
Antes de eso tuvimos el caso de Macklemore, que lo sacaron de la gira de Ed Sheeran por gritar “Free Palestine” desde el escenario, y Sheeran intentando quedar bien con todo el mundo diciendo que él no usa su plataforma para política… aunque después tuvo que hablar de Gaza.
Entonces la pregunta de siempre vuelve: ¿los músicos se deben meter a hablar de política o no?
1. Tienen todo el derecho del mundo a hacerlo.
Son ciudadanos, no son esclavos de nadie. Si Waters quiere hablar de Palestina, de Putin o de lo que sea en cada show, adelante. Si Rage Against the Machine quiere gritar contra el sistema, genial. La libertad de expresión no se apaga cuando agarras un micrófono. Quien diga “cállate y canta” está pidiendo censura selectiva.
2. Pero nadie tiene la obligación de hacerlo.
Aquí es donde se pone interesante. Hay mucha gente (sobre todo en redes) que trata a los artistas como si tuvieran el deber moral de tomar postura en cada conflicto del planeta. Como si no opinar fuera lo mismo que ser cómplice. Eso es una tontería. Hetfield tiene razón en una cosa: la política divide. La música, cuando es buena, une. La gente paga boletos caros para desconectarse un rato, no para que le den un sermón. Si vas a un concierto de Metallica y te empiezan a hablar de Trump, de Gaza o de cambio climático, se pierde parte de la magia. El escenario no es un mitin político (a menos que el artista quiera convertirlo en uno y acepte las consecuencias).

3. El problema real es la coherencia y el costo.
Roger Waters lleva décadas siendo ultra político. Se la juega, le cancelan fechas, lo acusan de antisemitismo, pierde contratos… pero es consistente.
Ed Sheeran intentó quedarse en el medio y le explotó en la cara. Quiso ser “apolítico” y terminó metido hasta el cuello.
Metallica históricamente ha preferido no tomar bando abierto, aunque sus letras siempre tocaron temas de poder, guerra y justicia. Hetfield simplemente está siendo claro: “aquí venimos a rockear, no a catequizar”.
Entonces, ¿qué deberían hacer?
Lo que les dé la gana. Si un artista siente que tiene algo importante que decir y está dispuesto a perder fans, conciertos y dinero por ello, que lo diga. Eso es valentía. Si prefiere que su música sea el refugio donde la gente de izquierda, derecha y centro pueda gritar juntos “Master of Puppets”, también está bien. Eso también es válido. Lo que no me late es la presión moral de que “si no hablas de X tema, eres un vendido / un cobarde / un cómplice”.
Esa es la cultura de la cancelación disfrazada de activismo. La música siempre ha sido política… y también siempre ha sido escape. Ambas cosas pueden coexistir.
El artista elige. El público también: si no te gusta que hable de política, no vayas a su concierto. Si te molesta que no hable, tampoco vayas.Al final del día, prefiero un Hetfield que diga “venimos a olvidarnos de la mierda de afuera” que un montón de artistas repitiendo el discurso de moda solo para no quedar mal en Twitter.
¿Tú de qué lado estás? ¿Prefieres que el rock sea protesta o que sea catarsis?




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