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El negocio de las mentiras: cómo se propaga y combate la desinformación digital

  • efectoparallax5
  • hace 1 hora
  • 3 min de lectura



La desinformación en las redes sociales se ha convertido en uno de los problemas más graves de la comunicación contemporánea. A diferencia de los rumores tradicionales, hoy se propaga a una velocidad y escala sin precedentes, impulsada por algoritmos, inteligencia artificial y modelos de negocio basados en el engagement.


El resultado es una erosión de la confianza pública, distorsión del debate democrático y riesgos reales para la salud, la seguridad y la convivencia.


¿Qué es la desinformación?


Se distingue entre:

  • Misinformación: información falsa o inexacta compartida sin intención de engañar.

  • Desinformación: contenido deliberadamente falso o engañoso creado o difundido para manipular, polarizar o obtener beneficios (políticos, económicos o ideológicos).

  • Malinformación: información real sacada de contexto para dañar.


Las redes sociales actúan como amplificadores perfectos: priorizan lo emocional, lo novedoso y lo conflictivo, independientemente de su veracidad.


Cómo se propaga


Los algoritmos de recomendación recompensan el contenido que genera más interacciones. Estudios recientes muestran que las cuentas de baja credibilidad reciben significativamente más engagement por seguidor que las fuentes fiables: hasta 8-11 veces más en YouTube, alrededor de 10 veces en X y 9 veces en Facebook.



La inteligencia artificial ha cambiado el juego. Los deepfakes (vídeos, audios e imágenes sintéticas hiperrealistas) y el “slop” (contenido de baja calidad generado masivamente por IA) se multiplican.


El volumen de deepfakes pasó de unos 500.000 en 2023 a cerca de 8 millones en 2025.


En plataformas de vídeo como TikTok y YouTube, entre el 19% y el 24% de la desinformación ya es generada por IA, y la mayoría no lleva etiquetas.


Además, existen mercados lucrativos detrás de las noticias falsas: creadores de contenido y redes organizadas monetizan el sensacionalismo a través de publicidad y programas de pagos de las plataformas.



Prevalencia por plataformas


Mediciones recientes en Europa (Science Feedback y partners) revelan diferencias claras:

  • TikTok: la más afectada, con alrededor del 20-25% de posts sobre temas de interés público conteniendo desinformación (llegando a más del 40% si se incluyen contenidos abusivos o borderline).

  • Facebook: ~13%.

  • X (Twitter): ~11%.

  • YouTube e Instagram: ~8-12%.

  • LinkedIn: la más limpia, ~2%.


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En España, un análisis de Fad Juventud encontró que casi el 20% de los tuits analizados en X contenían desinformación, concentrada especialmente en migración, justicia y política, con una fuerte alineación hacia discursos de extrema derecha.



Temas como salud (vacunas, nutrición, salud mental), cambio climático, migraciones y procesos electorales son los más afectados. En salud mental, TikTok lidera con tasas de desinformación superiores al 50% en algunos temas.



Impactos reales


La desinformación no es inofensiva:

  • Democracia: manipula elecciones, erosiona la confianza en instituciones y polariza. Operaciones de influencia extranjera (Rusia, China, Irán) y campañas nacionales usan bots, cuentas falsas y deepfakes.

  • Salud pública: durante la COVID-19 y en crisis posteriores, bulos sobre tratamientos peligrosos o “curas milagrosas” causaron daños concretos.

  • Sociedad: genera miedo, ira y división. Estudios sobre la DANA de Valencia mostraron patrones emocionales distintos según la plataforma (miedo y tristeza en X; ira y asco en TikTok).

  • Confianza: un 70% de españoles se declara preocupado por la desinformación online, y la exposición frecuente (especialmente entre jóvenes) llega a cifras muy altas.


¿Qué se puede hacer?


No hay solución mágica, pero sí herramientas complementarias:


  • Alfabetización mediática y digital: enseñar a verificar fuentes, reconocer sesgos y dudar de lo emocionalmente cargado.

  • Etiquetado y moderación: aunque algunas plataformas han reducido la verificación de terceros (Meta en EE.UU.), los Community Notes y sistemas de detección de IA son avances.

  • Transparencia algorítmica y regulación: el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) en Europa exige más responsabilidades a las grandes plataformas.

  • Herramientas individuales: fact-checkers, reverse image search, verificación de metadatos y escepticismo hacia vídeos “perfectos”.

  • Diseño de plataformas: recompensar la calidad informativa en lugar del simple engagement.


La desinformación en redes sociales es un fenómeno multicausal que combina tecnología, psicología humana (sesgos de confirmación, atracción por lo novedoso) y incentivos económicos. Combatirla exige un esfuerzo colectivo: plataformas más responsables, usuarios más críticos, periodismo de calidad y políticas públicas inteligentes.


En un mundo donde cualquiera puede generar y difundir contenido falso a escala masiva, la capacidad de distinguir lo real de lo fabricado se ha convertido en una competencia ciudadana esencial.


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