Todos detestan la política… hasta que necesitan un favor

Es muy frecuente escuchar a la gente decir que no le gusta la política y que la critica sin descanso. Sin embargo, hay algo que pocas veces se menciona: cuando alguien tiene la oportunidad de aprovecharse de ella, lo hace sin pensarlo dos veces.
En vivo y en redes sociales abundan quienes afirman que “la política apesta”. Lo curioso es que muchos de ellos trabajan en una dependencia de gobierno o le venden productos y servicios a las administraciones públicas.
Algunos dirán que eso no tiene nada que ver. Claro que sí tiene.
Lo mismo ocurre cuando llega el momento de pagar impuestos. Casi todos buscamos pagar lo menos posible y evitar las filas. ¿La solución más común? Contactar a alguien dentro de la dependencia o a un político para que interceda.
He visto casos de personas que hicieron modificaciones importantes a su casa y, al pagar el predial, se encontraron con un aumento (lógico y reglamentario). En lugar de aceptarlo, se sienten ofendidos y empiezan a buscar a todo el mundo: desde empleados hasta el director, para que les rebajen el impuesto, les permitan pagar en plazos o simplemente les eviten la fila.
Otro ejemplo clásico es el ingreso a escuelas públicas o incluso privadas. Cuando los cupos escasean, la pregunta casi automática es: “¿Conoces a alguien que nos pueda ayudar?”. Y “alguien”, casi siempre, resulta ser una persona ligada a la política o al gobierno.
Quieran o no admitirlo, eso también es política: la misma de la que tanto se asquean.
Muchos que alguna vez fueron candidatos independientes renegaban de la política. Hoy varios de ellos terminaron trabajando en el gobierno, fueron diputados o incluso dirigentes de partido. Mientras no tenían oportunidad, la política les daba asco. En cuanto les ofrecieron un cargo, no solo no se echaron para atrás: hasta lo disfrutaron.
Hay situaciones que parecen ajenas a la política y, sin embargo, están profundamente relacionadas. Cuando un oficial de tránsito detiene a alguien por pasarse un alto o por manejar bajo los efectos del alcohol, es común escuchar: “Conozco a tal político, a tal director o a tal regidor”. Se pide la clave, se busca el contacto o se intenta evadir la multa de cualquier forma. Eso, en el fondo, es querer algo del poder.
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Muchos están enojados con los políticos, los partidos y todos los niveles de gobierno. Pero en cuanto alguno de ellos gana o se consolida, los mismos que despotricaban van a pedir trabajo. No solo trabajar en política te convierte en político; lo que sí es casi universal es que casi nadie se resiste a querer algo de ellos.
Recuerdo a quienes se quejaban del aumento de la gasolina. En lugar de organizar protestas, andaban gestionando dentro de los gobiernos para conseguir vales.
La gente está molesta con su gobierno, pero en vez de mantener distancia y no pedirle nada, busca beneficiarse de él en todos los sentidos posibles. Este rencor hacia la política no es nuevo. Desde la época de los romanos la población pensaba de manera muy similar: criticaba el poder… y al mismo tiempo quería sacar provecho de él.
Hoy, gracias a las redes y a los memes, la gente sabe un poco más de política que antes. Pero el comportamiento sigue siendo el mismo.
Hay ejemplos por todas partes: quien quiere talar un árbol porque le estorba y busca la forma de evitar el trámite y, de ser posible, que el gobierno se lo pague. Hasta por una selfie se acerca al poder si cree que puede obtener algo a cambio.
Un amigo mío siempre hablaba mal de la política… hasta que empezó a preguntar cómo conseguir trabajo en el gobierno. Después terminó siendo candidato por un partido. No ganó, pero durante esos meses se le quitó por completo el asco que decía sentir.
Estos comentarios y ejemplos se repiten casi a diario y atraviesan todas las clases sociales.





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