Rock y política: cuando los candidatos se apropian (y distorsionan) los himnos de rebeldía
- efectoparallax5
- hace 1 hora
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La música rock siempre ha sido un arma de doble filo en la política. Su energía, sus himnos de rebeldía y su capacidad para conectar con las masas la convierten en un recurso tentador para los candidatos.
Pero cuando se usa sin permiso, o peor aún, se distorsiona el mensaje original de la canción, el resultado suele ser el mismo: enfado de los artistas, cartas de cese y desistimiento, demandas y una buena dosis de ironía.
Aquí va un repaso a algunos de los casos más sonados de políticos que se apropiaron (y en muchos casos abusaron) del rock para intentar sumar votos.
El caso fundacional: Reagan y “Born in the U.S.A.”En 1984, Ronald Reagan, en plena campaña de reelección, intentó capitalizar el éxito de Bruce Springsteen. Su equipo quería usar “Born in the U.S.A.” como himno patriótico.
El problema es que la canción no es un canto a la gloria americana, sino una crítica amarga al tratamiento de los veteranos de Vietnam y a la falta de oportunidades para la clase trabajadora.
Reagan llegó a mencionar a Springsteen en un mitin en Nueva Jersey, hablando del “mensaje de esperanza” en sus canciones. El Boss respondió desde el escenario: se preguntó qué álbum le gustaría realmente al presidente y dejó claro que no era el de Nebraska. Springsteen negó el permiso y se convirtió en el ejemplo paradigmático de cómo un político puede malinterpretar (o ignorar deliberadamente) la letra de una canción rock para su beneficio.
Trump, el campeón de las cartas de cese y desistimiento
Si hay un político que ha llevado el abuso de la música rock a un nivel industrial, ese es Donald Trump. Desde 2015, su campaña ha sido un festival de canciones de rock y pop usadas sin autorización, con una lista interminable de artistas que han protestado:
Neil Young y “Rockin’ in the Free World” (la canción sonó cuando anunció su candidatura). Young, partidario de Bernie Sanders, dejó claro que no había dado permiso.
The Rolling Stones y “You Can’t Always Get What You Want”.
Aerosmith (Steven Tyler envió varias cartas por “Dream On” y otras canciones).
R.E.M. (“It’s the End of the World as We Know It”), con Michael Stipe respondiendo con un sonoro “go f*ck yourselves”.
Queen, Adele, Phil Collins, el legado de Tom Petty, y muchos más.
La estrategia de Trump parece basarse en el principio de “mejor pedir perdón que permiso”. A menudo las campañas pagan licencias genéricas a sociedades de gestión, pero los artistas siguen teniendo derecho a oponerse cuando se asocia su obra a un mensaje político que rechazan. El resultado ha sido una lluvia constante de críticas y amenazas legales.
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Otros clásicos estadounidenses
John McCain y Sarah Palin (2008): Usaron “Barracuda” de Heart. Ann y Nancy Wilson protestaron airadamente: no habían dado permiso y no lo habrían concedido.
También recibieron quejas de Foo Fighters (“My Hero”), John Mellencamp y Jackson Browne.
George W. Bush: Tom Petty le envió una carta de cese por “I Won’t Back Down”. Mellencamp también se quejó del uso de sus canciones.
Newt Gingrich y Mike Huckabee: Ambos usaron “Eye of the Tiger” de Survivor. El guitarrista Frankie Sullivan demandó y cobró indemnizaciones. Sullivan ha dicho claramente que no le gusta mezclar rock con política.
En casi todos estos casos se repite el patrón: políticos (sobre todo republicanos) usando himnos de rock escritos por artistas de sensibilidades más progresistas o abiertamente contrarias a su ideología.
Casos en Latinoamérica y España
El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. En Argentina, las elecciones de 1989 marcaron un antes y un después. Carlos Menem y Eduardo Angeloz intentaron acercarse al rock nacional. Menem contó con un jingle de Litto Nebbia y cerró campaña en un festival de rock. Angeloz fue aún más lejos: contrató a músicos como Carlos Cutaia (ex Pescado Rabioso) y sumó a Spinetta, Virus, Los Pericos y otros en actos. El intento de “rockear” la política no le alcanzó para ganar, pero dejó claro que el rock ya era un botín electoral.
Más adelante, Amado Boudou se presentó como el primer vicepresidente “rockero” de Argentina, tocando guitarra en mítines y rodeándose de bandas. Mauricio Macri también usó temas de grupos como La Mancha de Rolando o Tan Biónica; en algunos casos los artistas se molestaron y lo hicieron público.
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En Chile, Gabriel Boric ha cultivado una imagen cercana al rock y al metal (camisetas de Nine Inch Nails, Pearl Jam, etc.), aunque más como fan genuino que como usurpador de canciones ajenas.
En España ha habido usos de temas de Loquillo, Duncan Dhu o incluso Rosalía en campañas, con mayor o menor fortuna y a veces con rechazos posteriores de los artistas.
¿Por qué lo hacen y por qué genera tanto rechazo?
El rock vende energía, autenticidad y rebeldía. Un mitin con un riff potente parece más moderno y atractivo que un discurso aburrido. El problema es que muchos de esos himnos nacieron precisamente como crítica al poder, al sistema o a las injusticias.
Cuando un político las usa en sentido contrario, o sin permiso, se produce una apropiación cultural que los artistas viven como una afrenta.
Además, en la era de las redes sociales, la respuesta es inmediata y pública. Una carta de cese y desistimiento o un tuit airado genera más titulares que el propio mitin. Y, a menudo, termina perjudicando más al candidato que beneficiándolo.La música rock sigue siendo un botín político apetitoso.
Pero la historia demuestra que usarla (y sobre todo abusar de ella) tiene un precio: el de enfrentarse a los creadores de esas canciones, que rara vez se quedan callados.




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